Las personas que pertenecemos al personal docente podríamos convertirnos en detectives, buscando las “huellas” biológicas del aprendizaje. Huellas que quedarían impresas en la memoria. Al fin y al cabo qué sería de un aprendizaje que olvidamos con el paso del tiempo. Se podría decir que es nuestro deber producir aprendizajes duraderos.
Cada día que trabajamos con nuestro alumnado podríamos
plantearnos las siguientes cuestiones: ¿estaré empleando el método más
eficiente y eficaz para ese aprendizaje
duradero?, ¿se transformaran los conocimientos de hoy en potenciadores de las competencias
del mañana?
Hablo de todo esto, porque acabo de leer un libro donde se
profundiza sobre este tema tan interesante. Su autora es una mujer increíble,
por su capacidad de transmisión, comunicación, su enorme simpatía, conocimiento
y entrega a la ciencia. Ella es Mara Dierssen,
Doctora en Neurobiología y un referente mundial en investigaciones del síndrome
de Down. Además es cantante y tiene su propia formación con la que realiza
actividades con fines sociales.
En su libro “¿Como aprende (y recuerda) el cerebro?”(2018), realiza una exposición, de los
principios de la neurociencia para aplicar en la educación. Se tratan temas como la memoria, el aprendizaje y las
bases neurobiológicas que podemos, a día de hoy, plantearnos como sustento
científico para optimizar el proceso de enseñanza y aprendizaje.
Dierssen nos da una visión sobre qué es el aprendizaje, sus
diferentes tipos, su proceso, la memoria y su clasificación, el olvido, el
funcionamiento neuronal involucrado en el aprendizaje y la plasticidad
neuronal.
Su lectura es muy aconsejable pues aporta una visión
biológica del aprendizaje, esto supone ampliar las perspectivas pedagógicas, psicológicas, filosóficas y sociales. En un
mundo post pandemia, donde la ciencia está ocupando una posición central en
su recuperación, parece razonable
apoyarnos cada vez más en ella para nuestro desarrollo. La neurociencia es, en
este caso, una disciplina a tener muy
en cuenta
En el libro hay muchos aspectos relevantes e interesantes para aplicar en nuestro día a día como docentes. De entre ellos me gustaría destacar uno; la emoción es fundamental para la educación.
En el proceso educativo la memoria es una protagonista determinante, y para su desarrollo podemos utilizar la llamada memoria afectiva. Una
evidencia de que un aprendizaje vinculado a emociones ayuda a la memorización. A su vez esta memoria afectiva, se vincula con otros conceptos desarrollándose
el siguiente proceso;
·
La atención es importante para la memoria.
·
El interés es un factor clave para la atención.
·
La emoción es determinante para el interés.
En este punto sería conveniente preguntarnos: ¿qué emociona a nuestros alumnos? Con
las respuestas que podamos obtener de nuestra convivencia con ellos, podremos
elaborar un listado sobre sus gustos,
preferencias, expectativas y todo lo relacionado con lo que pueda emocionarles
positivamente. La buena relación afectiva del docente con su alumnado es la base del
aprendizaje (Robinson.K, 2015) así como aquello que les produzca rechazo puede interceder de manera negativa
en el aprendizaje.
Dicho esto, podríamos realizarnos una pregunta: ¿dedicamos el tiempo adecuado
a crear una relación afectiva positiva con nuestro alumnado?
Álvaro. L. Maldonado

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